"Porque es lo que se dice a solas: <<¿Trabajar yo para este público donde han caído como en el vacío mis más profundo y geniales estudios?, ¿para este público que tarda tanto en admitir como en despedir a aquel a quien una vez ya ha admitido? Esto es como caminar en un arsenal; esto es romperse el brazo del alma al ir a dar con todo esfuerzo y encontrarse con el aire nada más. Hay aquí cien escritores, publica cada cual cien ejemplares de cada una de sus obras y las cambian entre sí, como cambian los aludos y las envidias. El que no escribe no lee; y el que escribe tampoco lee como no le regalen lo que haya que leer. Como ningo se halla sotenido por público compacto, numeroso y culto, ni creen en sí mismos ni en los otros -pues necesitamos de que los demás nos crean para creernos-, y a falta de esa fe, de la fe en la popularidad, única de nuestro escritor, desprécianse mutuamente o creen despreciarse más bien."
Ha llegado el filósofo Don Fulgencio Entreambosmares a la ciudad. Está escribiendo su nueva obra "Ars magna combinatoria", que le llevará a la gloria. Pero dice que quiere que la entierren con él, para que sea el destino quien la descubra algun día, cuando el hombre sea digno de ella, y este capacitado para entenderla. Don Fulgencio crítica al público y a la sociedad, que dice que no merece conocer sus estudios, porque ya han desperdiciado todas sus obras anteriores. Dice que al hombre le cuesta demasiado aceptar ideas nuevas, porque está cegado en las que ya posee, y no puede ver más allá. Así, su trabajo deja de tener utilidad, porque la gente no responde a él. Don Fulgencio cree que las personas necesitamos que otros crean en nosotros para poder creer en nosotros mismos, y como ningún escritor posee suficiente publico culto, no puede creer en sí mismo ni en los otros, y acaban despreciandose a ellos mismos, y entre ellos.
"Siguen algún tiempo más planteando la educación del niño, cuyo principio consiste en que lo vea todo, lo experimente todo, de todo se sature, y pase por todo ambiente. <<Intégrese, intégrese en busca de su morcilla>>, repite el filósofo. Pero todo debidamente explicado, con su glosa y comentario científico. La Naturaleza -la naturaleza con letra mayúscula, se entiende- es un gran libro abierto al que ha de poner el hombre notas marginales e ilustraciones, señalando a la vez con lápiz rojo los más notables pasajes. <<Lápiz rojo, mucho lápiz rojo, y como todo es en realidad notable, lo mejor sería dar de rojo al liro todo>>, dice don Fulgencio, que publica en cursiva todo."
Don Avito le pide consejo el filósofo Don Fulgencio Entrambosmares, para educar a su hijo, Apolodoro, y crear un genio. Las ideas de Don Fulgencio no coinciden con las de Don Avito, y este duda de ellas en algun momento, pero al final le pide a Don Fulgencio que enseñe a Apolodoro. Pero Don Fulgencio le dice que primero debe madurar, y que ya llegará el momento en el que podrá aprender de él. La educación del niño consistirá en que experimente todo lo que haya a su alrededor, que conozca cuanto más pueda. Pero para conocer, al contrario de lo que cree Don Avito, le dice que hay que ayudarlo y guiarlo para que encuentre su "morcilla", su interés por las cosas que le rodean. También le dice que hay que explicarle todo esto a partir de la ciencia y la la Naturaleza (con mayúscula, significando un ser superior, que lo explica todo), y enseñarle las partes más importantes, de manera que aprenda que todas las partes son importantes.
Para Don Avito la ciéncia es dogmática, es un ser que resuelve las dudas existenciales mediante una afirmación o una negación. Sin embargo, Don Fulgencio, aunque sea un hombre hecho de ciencia, le da un sentido mucho más práctico a la vida, y cree también en cosas como el amor.

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